28 nov. 2011

Bienarte 2011: ¿torcerle el cuello al cisne?


Bienarte 2011
¿torcerle el cuello al cisne?


Las bienales de artes visuales en Centroamérica, que surgieron como una necesidad de  “actualización” del mundo artístico regional a las demandas y direcciones de los circuitos internacionales de arte, donde a partir de los años 80´ eclosionaron y se pusieron de moda este formato de eventos, celebró en Costa Rica  su octava exhibición, con una convocatoria e interacción casi fantasmales,  que derivó en una exposición de museografía y obras de tintes  tan correctos como dispersos.  

Ese condición “fantasmal” a la que aludo,  tiene que ver sobre todo con la forma misma de convocatoria, que cada vez resulta menos abierta, más endogámica,  no solo por su difusión sino en sus proyecciones tanto nacionales como internacionales (este término es en verdad un eufemismo). Esto ha provocado –junto a otros factores tan o más importantes que éste- que la capacidad de motivar a artistas “reconocidos”  o no  de diferentes generaciones, o incluso a los llamados “emergentes”, se haya vuelto cada vez más ardua de asumir. Las estadísticas (obtenidas por medios también precarios, pues su accesibilidad es bastante difícil) si se compara con ediciones anteriores, resultan en todos los sentidos declinantes.  

Esa incapacidad de motivar a diferentes generaciones de artistas contemporáneos, tiene seguramente una multiplicidad de condicionantes, pero entre ellas puede nombrarse justamente, la pobre difusión del evento, a pesar de las amplias posibilidades actuales de medios alternativos a través de la web, como páginas o blogs, mails, redes sociales, etc. 

Igual se puede referir como otra problemática grave,  la práctica inexistencia -en esta edición- de un debate con los jurados por parte de un público general y de especialistas, desaprovechando la presencia y capacidad de profesionales con una reconocida trayectoria pedagógica y curatorial regional,  como Lupe Alvarez, Sara Hermann y Jacobo Crivelli, cuya única interacción abierta con el medio artístico, se realizó únicamente  en un encuentro  que tuvo una escasísima difusión, en un museo poco visible, un lunes a las 4 pm. 


A todo ello se suma, como otro factor importante de desestimulo, el nulo incentivo económico que significa participar, o incluso ser seleccionado como uno de los artistas “ganadores”  que asistirá a la bienal centroamericana del próximo año, pues ese supuesto merecimiento no redunda en ningún beneficio monetario ni simbólico -como participar en otro evento o exposición significativa internacional, por ejemplo- a los artistas seleccionados. A diferencia de otros eventos o bienales del contexto centroamericano -como en Nicaragua, El Salvador o  Guatemala-  donde al menos se les ofrece un cierto incentivo económico a los artistas que participan o ganan, en este caso lo único que se garantizan los artistas que son seleccionados en Bienarte, son gastos personales, pues deben asumir todos los costos de producción y montaje de sus obras.   

A esto se añade, en estrecha relación con lo divulgativo, la injustificada ausencia de una página web que historice y actualice, con una mínima seriedad investigativa, el devenir y las características de este evento: desde sus estrategias institucionales, hasta sus cambios históricos, los jurados que han participado, artistas seleccionados y ganadores de cada edición, proyección en prensa masiva y especializada, imágenes, videos, etc. Esto junto a la  inexistencia real de una retroalimentación e historización posterior, a través de catálogos y otros documentos de respaldo del evento, tanto para artistas como investigadores  y público, pues  a pesar de que se han impreso, de que supuestamente existen, son también tan fantasmales como la convocatoria y la difusión de esta última bienal. 

Por eso,  no es extraño cuando se “googlea” este evento, que apenas se obtenga alguna nota de prensa o información fragmentaria sobre el mismo, con lo cual su existencia virtual es prácticamente nula; esto para no hablar de su “no-difusión” en redes sociales como facebook , donde sus seguidores actuales son 54(!), y no existe más información que el afiche de inauguración, con un encabezado que lo anuncia como si fuera una página de agricultura (!), que me imagino sea una referencia irónica -y muy críptica por cierto- a lo “agrio” que se ha vuelto el arte actual.    

La otra cuestión que seguramente desincentiva una participación más masiva en este evento, es la también escasa continuidad en la imprescindible labor de retroalimentación, tanto formativa como de interacción crítica y curatorial (conferencias, seminarios, talleres) en beneficio de los artistas y el público, algo que ha sido señalado de manera continua por los jurados de cada edición de este evento,  y que lo vuelve  de hecho en una mera exposición o show de apenas un mes cada dos años, con cada vez menos alcances, artistas y público. 

En ese sentido, de las múltiples recomendaciones que han recibido los organizadores a lo largo de estos años -en las cuales he sido testigo o aportador en algún momento- solo algunas relativas a la apertura e inclusión de  nuevos medios en las bases, o las referidas a la interacción del jurado con los artistas en la conformación y maduración de las obras, han sido acogidas y procesadas. Sin embargo, todas aquellas que implican darle una efectiva continuidad profesional al evento, a nivel de gestión, coordinación y presupuesto en beneficio de los artistas -y del medio en general- han caído en el vacío. 

Por eso esta bienal se vuelve, cada vez más,  un fugaz y anecdótico evento, al no ofrecer propuestas ni sugerentes ni novedosas, como lo han hecho en años recientes incluso grandes eventos como la última Documenta de Kassel, donde los aspectos de interacción educativa estuvieron  muy presentes, o las últimas ediciones de la Bienal del Mercosur, en las que también se han hecho interesantes propuestas en los ámbitos curatorial y pedagógico; o eventos algo "marginales" pero muy potentes en sus proyecciones, como la de Bienal de Lyon o la Bienal  del Fin del Mundo, donde la interacción activa con los espectadores en espacios públicos fue una prioridad. 




En fin, los ejemplos pueden ser variados para retroalimentar propuestas alternativas que saquen del tedio, del bostezo a este evento; pero cuando no se quiere oír, o cuando no se quiere meter la mano en el bolsillo, o darse una escapadita al banco para sacar la plata y apoyar este tipo de propuestas  no tan caras, pues no hay mucho que hacer…    

Y bueno, retornando lo “real” -el espacio expositivo y los artistas- aunque la selección de obras que participan en esta edición 2011, junto a una cuidada y correcta museografía, denotan en algunos casos una maduración en la conceptualización y presentación formal de las piezas, evidencia de un intercambio curatorial efectivo con los jurados, la imposibilidad del mismo evento de concebir o potenciar ejes temáticos-curatoriales sólidos, que se establezcan estratégicamente, o incluso en el intercambio mismo entre artistas y curadores, da como resultado una exposición fría, dispersa en temáticas y connotaciones, que muy poco tiene que aportar al ámbito del arte actual del contexto, incluso en un pequeño espacio como Costa Rica.   
  
De la muestra rescato una cierta cantidad de piezas  que, al menos, resultan propositivas respecto al devenir de ese arte contemporáneo costarricense, o que incluso poseen potencialidades o una fuerza expresiva autónoma, más allá del contexto mismo: desde “Raro”, la instalación de Paulina Velázquez y Travis John, que propuso una efectiva interacción entre objetualidad artesanal y tecnologías (sonidos y videos) desde la precariedad de lo “natural”; hasta la atractiva instalación de cuchillos y flores de Roberto Guerrero, “¿Por qué sos tan loca? Porque me da la gana”, que propone un interesante giro a su propia producción en torno a los ejes "kitsch-género-sexualidad-poder", jugando con elementos paradójicos en la  interacción imagen-texto y sus significaciones,  tanto en sus aspectos de realización formal como en sus implicaciones conceptuales.   

"Raro" /  Paulina Velázquez & Travis Johns
Roberto Guerrero / ¿Por qué sos tan loca? Porque me da la gana   
 Por otro lado, destaca la animación de Elena Wen “On&On&On”, una propuesta lúdica e  irónica a la vez sobre los vínculos de pareja,  que mezcla de una manera simple pero muy efectiva, dibujo y movimiento, narración y rejuego espacial; o la instalación de John Juric, “Silla de espera”, a medio camino entre un grado de formalización alto y el sensible tema que aborda. 

Elena Wen / On & On & ON
Por otra parte, dentro de la escasa presencia de generaciones anteriores de artistas contemporáneos, sintomáticamente las propuestas de Joaquín Rodríguez del Paso, “Mejengo”, y la de Alvaro Gómez, “Mare Nostrum”, apelan a problemáticas relacionadas con lo geopolítico y la interacción activa con el público,  como parte  fundamental en la conformación de sus piezas, obsesiones recurrentes  de estos artistas que introdujeron las preocupaciones regionales y fronterizas en sus obras, pero que a las generaciones más recientes, pareciera no interpelarles como inquietud importante dentro de sus preocupaciones artísticas.
         
Joaquín Rodríguez del Paso. Mejengo.
En otra pieza premiada, “El coleccionista”, de Catalina Parra y Xavier Villafranca, lo que me llamó la atención, más allá de los elementos que componen la instalación, es la transformación que provoca la institución misma -Galería Nacional- en las intencionalidades de la instalación, pues con el pretexto de evitar un supuesto robo (ya que no hay custodios en las exposiciones), las dos veces que estuve el espacio estaba cerrado, con la consiguiente imposiblidad de ver e interactuar con la instalación -su sentido fundamental creo- ofreciendo una cruda evidencia del espacio donde nos encontramos: una antigua cárcel, que literalmente encierra e  impide interactuar a ciertas obras con el público que asiste.  

Catalina Parra - Xavier Villafranca / El coleccionista
En el caso de otras obras seleccionadas, como la instalación de Andrés Cañas o las pinturas expuestas de Francesco Bracci, ambas con alusiones a las afectaciones  del entorno natural, a lo azaroso, los procesos de degradación y su formalización, no se me ocurre más nada que decir; y en otra línea algo diferente, las “enigmáticas” coordenadas minimalistas-conceptuales “Espacio-Tiempo” de Yamil de la Paz, esparcidas por casi todas las galerías, me dejaron con la duda a qué hechos se referían, tal vez porque nunca lo menciona ni remite a ellos, haciendo in-válida la cita misma de Charles Bukowski a la que apela: “Decir las cosas de la manera más sencilla posible y decir lo que es necesario decir” (¿una elípsis sobre la bienal misma?)
 
Yamil de la Paz / Espacio - Tiempo
He dejado para el final de esta reflexión dos propuestas no “premiadas” en la bienal, porque me han parecido muy sintomáticas de algunos de los  dilemas sin resolver –¿sin resolución?- que penden sobre el evento cual espada de Damocles.  En un caso,   “Por los de acá”  de Mauricio Miranda, dentro de una línea algo cercana a los cuestionamientos institucionales de un Hans Haacke o un Santiago Sierra,  apela precaria y directamente (con vulgares latas de metal, junto al número de una cuenta bancaria) a la necesidad de un apoyo monetario a los artistas “ganadores” de la bienal,  para la producción de sus piezas a la bienal centroamericana. Podría decirse que en el -muy posible- fracaso de esta campaña de solidaridad, se encuentran una de las bases de cuestionamiento esenciales de este evento. 

Mauricio Miranda - La Fundación / POr los de acá.

Por otro lado,  un calendario del mes de noviembre, "1- Negro de Marte", con una supuesta percepción diaria de cuál sería el grado de visibilidad de Costa Rica en este lluvioso mes otoñal de la bienal y con una factura rozando lo conservador (un óleo sobre tela puro y duro); además por el sitio y el modo en qué fue colocada (al final de una pared, sobre unas pequeñas bases en el piso, sin apenas iluminación y con la ficha técnica bien lejos) y por hacer   constar, de forma manuscrita y casi ininteligible, la co-autoría de la pieza de Oscar Figueroa y Habacuc junto a Edgar León,  fue la propuesta que más me interpeló en esta bienal, arbitraria y misteriosamente, lo reconozco. Me interpelo  por recurrir, paralelamente, a la  interacción entre lo temporal y lo espacial desde la idea del mapa, del territorio, expuestos en un blanco y negro puros,  pero que a la vez se hallan contaminados por esas variaciones de ese mismo espacio-tiempo,  que más que "representar", invisibiliza y oculta... 

1 - Negro de Marte / (Edgar León - Habacuc - Oscar Figueroa)

Quizás sea ésta una "interpretación aberrada” (U.Eco) de tal pieza,  y de la bienal en su conjunto. En cualquier caso, apelo a Borges nuevamente para constatar esa condición indiscernible de los mapas, que se evidencia de alguna forma en ese “negro de Marte”:  una visión nublada -con apenas un 1% de visiblidad, el 26 de noviembre específicamente- que impide una percepción  clara, diáfana, y que al parecer necesita que se despejen esos eternos “nublados del día” de Costa Rica,  para descubrir, para reconocer  dónde se halla ese nombrado "país más feliz del mundo".   

Para finalizar esta "mala lectura" (H.Bloom) de este evento, recuerdo que hace unos años, en Bienarte 2007, a propósito de la crisis provocada por la inclusión de solo 7 artistas en la exposición, se produjo una polémica donde la curadora Clara Astiasarán escribió sobre  un  crepuscular “canto del cisne”, al parecer como metáfora que podría significar, lo mismo un posible entierro que una hipotética salvación. Retomando –o más bien retorciendo- esta elípsis del "canto del cisne", me gustaría acudir a esa bella ave que grazna más que canta, y  como lo pedían los poetas vanguardistas -encabezados por Nicanor Parra- al referirse irónicos a la inevitable influencia modernista del inmenso Rubén Darío en Latinoamérica, lanzar la pregunta:   
¿no será mejor “torcerle el cuello al cisne”,  aunque sea en un sentido simbólico, como lo propone el psicoanálisis cuando se refiere a la figura del “padre”,  o incluso de una manera un tanto elíptica y políticamente correcta, como lo hace -casi siempre- el arte contemporáneo?  
             

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Son formulas!... desde el "arte ambiental" hasta las provocaciones huecas y frasesitas socarronas en la pared; son malditas formulitas que han logrado arrinconar y neutralizar el poder de transformación social del arte. El "cisne" siempre estuvo relleno de serrín, pues el MADC, precisamente en su tiempos de gloria "Viquinga" funcionó como escaparate de golosinas artísticas globalizadoras del 1er mundo en este 3ero. Y luego nos sorprende que nuestros artistas aspiren masivamente a parecerse a los de allá, a emigrar, a negar toda raíz y que se nos diga que estamos condenados a producir arte derivativo.

Anónimo dijo...

Qué buen texto.

Paulina Velazquez Solis dijo...

Hola! gracias por aportar para generar algo de diálogo al rededor de esto. Creo que tocas varios puntos importantes sobre el evento en sí que dejan un vacío grande, como evento, falta de difusión, de diálogo....

Anónimo dijo...

El arte contemporáneo, ese hijo bastardo y ácido del capitalismo manchesteriano y de Duchamp es un monólogo pretencioso cacareado en las ruinas vacias del castillo modernista. No busca interlocución alguna, solo crear una sensación de confort en las clases altas (como el yoga...), y trocar a los creadores en marcas de elite. Su mayor atributo: alimentar la brecha entre creación y vida cotidiana para la enorme mayoría de la población, perpetuando el status quo social.